No hace mucho hube desarrollado un gusto muy cercano a la dependencia por una serie animada titulada: "Hey Arnold" (Ojalá la hayas visto y puedas conpartir)
No sé bien qué era lo que me generaba tanta afección. Quizás el niño en sí, con su vida tan simple pero a la vez tan real. Creo que lo que más le envidiaba era su barrio lleno de amigos y su infancia tan normal (no como la mía, claro, claro).
Fui una ñiñita muy triste. Y lo peor es que no tenía grandes razones para llorar tanto. Pero quién sabe...
Hace algunos dias descubri que me rodea una gran tristeza desde antes de nacer. Supongo que esa angustia me marcó desde la panza.
Pero quiero cambiar. Y lo voy a hacer. No hay más poder que el querer.
Siempre recuerdo a esa nenita triste, sola todo el tiempo, aburrida o deprimida quizás. Quiero abrazarla, quiero besarle el pelo y decirle: "Todo va a cambiar, algún día tu vida va a cambiar". Quiero defenderla, ayudarla, acompañarla; quiero jugar con ella, quiero hacerla reir; quiero darle sorpresas y esperarla todos los días con una sonrisa inmensa.
Quiero darle una familia gigante, quiero darle una casa llena de amigos. Quiero decirle que tiene muchos talentos y que tiene que usarlos o será tarde.
Quiero gritarle que no pierda el tiempo como lo pierdo yo ahora.
Monday, December 29, 2008
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