Que complicado. Que irrepetible.
Es como un huracán. Violento, irracional, descontrolado, impredecible.
Recuerdo con precisión el momento en el que detecté que me había enamorado de esa primera manera.
Volvía de Bariloche, en ese micro lleno de bellas durmientes y le había dado muchos besos la noche anterior, quizás demasiados ("Fuck, no me pidió el teléfono, por qué??????????").
Entonces me puse a pensar que la mayor de las probabilidades era no volver a verlo nunca más. Y esa cosa agridulce me invadió la boca. Con un par de apretujones ese chico de facciones raras había conseguido lo que nadie: Tildarme.
Pero hay cosas que tienen que pasar. Y sea como sea, el destino las hace pasar, y no te le quieras poner en contra al destino porque con ese no se juega y no se jode y, sobretodo, no se negocia.
Volvimos a vernos. Me enamoré completamente y se me hizo grande el corazón.
Aunque salió todo mal Juan, no me arrepiento. Y en algún lugar del universo, todavía estamos sentados en ese banquito frente al sol, juntos y felices.
... Cuando nada importaba...
Monday, December 29, 2008
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